El procedimiento que conecta infancia, literatura y cine parece evocar multiplicidad. Muchas, disímiles y raras infancias son descritas en la prosa narrativa, en los colores del celuloide y en los documentos historiográficos de la investigación educativa. Articular dicho tejido supone riesgo e imprevisión. Una experiencia que remite a las lecciones de visibilidades y enunciados, descritas por Deleuze, y que en su no relación permite ver y deja hablar; es decir, palabras que cuentan historias que no se ven -como en la literatura-, planos que muestran rostros y paisajes irreductibles a la palabra -como en el cine-.